Llegamos al mediodía a su plaza y lo vimos allí, sentado en su banco, como de costumbre.

Nos fuimos acerco y cuando estábamos llegando a su lado, venía en nuestra dirección un señor mayor. Caminaba despacio pero seguro de lo que iba a hacer, con la confianza que solo la experiencia brinda. En sus manos arrugadas como pasas, finas como ramitas de un viejo árbol,  temblorosas por los años vividos y el Parkinson  asentado,  traía algo.

Luego de algunos segundos o varios minutos, se encontró al fin delante de nosotros, saludó muy cordialmente y enseguida procedió a cumplir con su trabajo, que año tras año, desde el 2000, realiza diariamente.

Cada vez que se acerca un turista, Juan está encargado de colocarle a John sus lentes y esperar pacientemente que el visitante se saque una foto junto a la estatua de Lennon con sus clásicos espejuelos. Luego que el visitante se va, los guarda celosamente en el bolsillo de su camisa.

Juan Gonzales, un trabajador agrario jubilado de 97 años, vive enfrente a la plaza y ya desde las 6 a.m. está custodiando a su protegido en un turno de 12 horas.

Decenas son los visitantes que diariamente llegan al parque Lennon ubicado en el barrio residencial de Vedado (calles 15 y 17 entre 6 y la 8). La mayoría para fotografiarse con John, algunos otros para  conocer a Juan.

El monumento se inauguró en el año 2000 por Fidel Castro, cuando se cumplían 20 años de la muerte del Beatle más célebre. La música de los Beatles era prohibida en la isla a inicios de la década del 60 pero luego del activismo social de Lennon  contra la intervención de EEUU en Vietnam, el propio Fidel lo llamó “revolucionario”.

Después de algunos robos de las gafas que estaban soldadas tímidamente a la estatua, tuvieron que contratar un guardia personal. Ahora, el John de bronce que descansa en un banco también de bronce, usa lentes de verdad.

Un muchacho que estaba por allí nos contó que esta rutina se  realiza solo cuando el visitante es extranjero, ya que puede dejar alguna propina. Los cubanos tienen que contentarse con un John algo miope.

En la Habana, para ver un mundo libre y en paz, John no necesita a Yoko, es Juan quien se lo hace posible.

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foto: http://www.thebeatles.com.br/

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